sábado, 15 de mayo de 2010

Mujer liviana. Recuerdo aquel día, uno de tantos (en realidad tan pocos).
Una mañana  de sábado.
Después de hacernos el amor te levantaste, bajaste las escaleras  para ir por tu vieja y gastada latita de forma circular, y aquellas hojitas verdes secas (jamás pude decirle por su nombre), con lo que todos los días preparabas con religiosidad tu “cigarro” (tampoco lo pude llamar por “sus nombres”, tengo un problema serio para decir cosas como: marihuana, porro, gallo, coger, follar, hechar un polvo, coño…tetas… entre otras, que por cierto contigo fue la primera vez que las escuchaba en vivo y a todo color), casi casi tú aire para vivir.

Te esperé en la cama.
Regresaste y por supuesto liaste tu “cigarro”.

Me dabas de tu “cigarro”, me acercabas la  mano con la que lo sostenías, como señal de invitación, al principio me negaba.
Recuerdo que le dabas unos “toques” (otra palabra), tomabas entre tus manos mi cara, acercabas tu boca a la mía, separabas con tus labios mis labios y dejabas el humo dentro de mi boca.
Ya después como que le tome el gusto a la sensación que dejaba el humo en mi garganta, y a la que dejaba en mi cabeza, y a la que dejaba en  mi  cuerpo, y a la que dejaba en mi alma.

Esa mañana de sábado te  observaba, me acercaste el “cigarro”, y le fumé.
Esa vez le fumé bien,  solo le dí unas cuantas fumadas  y ya me sentía “bien acá” (así solías decir).

Y volvimos a hacernos el amor.

Jamás te dije (supongo que eso lo sabes desde hace años), que esa mañana de sábado, hacer el amor con las sensaciones a flor de piel, con las sensaciones que se multiplican por mil, cuando una caricia se siente hasta la célula, cuando los sentidos se agudizan y  perciben hasta el más simple de los detalles, se siente hasta el más mínimo roce  y el tiempo se te hace lento, lento,   l   e   n   t   o  ….   
E   t   e   r   n   o… Contigo así, en ese estado de conciencia,  fue tan sensual, sentía  los movimientos de tu vientre tan lentísimos y tan adentrísimo, mi cuerpo y el tuyo se hacían uno, sentía como si fuésemos en un vaivén sincronizado,  mi sexo sentía  el tuyo, como iba penetrando centímetro a centímetro, milímetro a milímetro, podía sentir que era suave muy suave, como iba resbalándose fácil, como se empapaba, como latía…. Era consciente de todo aquello, y al mismo tiempo sentía que volaba, que flotaba,  sentía que nuestros cuerpos se elevaban de la cama,  que nos amábamos entre nubes de algodón azul.
No recuerdo que tiempo andubimos  en las nubes, solo sentí que fue tanto, e hicimos mucho, ese “mucho” que nos gustaba. 
Despues de ese "mucho" me acosté de lado, te di la espalda y tu me diste (metiste) tu sexo, nuestros cuerpos se durmieron.

Fue tan delicioso despertar del sueño que da  después de hacernos el amor (y en particular del sueño que da  después de fumarle bien antes de hacernos el amor).

¿Recuerdas el día que nos conocimos?

Ese día fue la primera vez que  me sentí entre nubes de algodón azul,  como humo, tan ligera, tan libre,
t  a  n               d    e    s    p    r    e    n    d    i    d    a…..


tan 

liviana.





Escucha: Mujer liviana -Real de Catorce- Disco: Cicatrices

2 comentarios:

Anónimo dijo...

que se dice cuando se sienten las palabras calando hondo...

Enazul dijo...

Y qué se hace cuando las palabras se quedan impregnadas en la memoria de la piel... del cuerpo... del alma...