sábado, 24 de julio de 2010

HistoriaParaRegalarEnUnDíaComoHoy

Sueña… ¿Qué sueña esa mujer? Despierta de su sueño y con movimientos rápidos  se levanta de la cama, camina  de puntitas para no tocar por completo el suelo frio de su habitación, se le ven las piernas largas y delgadas, tensas, por la ligera fuerza que requiere caminar de puntitas, sus brazos un poco extendidos, para no perder el equilibrio, se dirige a la ventana, quiere refrescarse, despabilarse, se acerca lentamente para abrirla de par en par y respirar el aire de la mañana, su pecho se expande una vez, dos veces, un par de respiros más, al tiempo que deja caer ligeramente su cabeza hacia la izquierda para recargarla en la orilla de la ventana, su mirada se fija en la mañana que apenas se va descubriendo, esta despierta, sus ojos de pupilas café oscuro los tiene abiertos, pero parece que aún se encuentra  en el sueño del que despertó hace unos minutos. Su respiración es lenta y profunda y entre cada respiro cierra los ojos por largos segundos, no puede evitar evocar momentos felices y  por inercia los tristes, su memoria empieza a dar saltos en el tiempo, va de un recuerdo a otro, se detiene en una escena especifica, en un día, en una noche, en una caricia, en un beso, en una voz, en un te quiero, en una sonrisa, en un abrazo, en un adiós, en un te amo.  Qué soñaba  esa mujer, que su cabeza se llena de pasados, de ayeres, de días que ya no existen. Es el sueño recurrente del hombre de la piel amante.

Ensimismada, en estos pensamientos, su mirada se pierde en el amanecer que ya no esta viendo, su cuerpo permanece  junto a la ventana, pero lo que le da vida a ese cuerpo no. No siente el frío en su cara, ese  ligero aire frio que se cuela por las pequeñas aberturas de la ventana, ni el frio en sus pies descalzos, ni el frio en su cuerpo semi desnudo. Su memoria continúa persiguiendo a un tiempo pasado, pero es  inútil la persecución, ese tiempo no se atrapa, se deja ir.  Ella lo sabe, pero ahora ya es demasiado tarde, en estos momentos su memoria se detuvo en aquel día en que vio al hombre, protagonista de su sueño recurrente:

Era una mañana de verano, esta junto a la ventana, (como lo hace ahora con su cuerpo frio casi desnudo) y sus ojos de pupilas café oscuro le dan un vistazo al día que empieza, las calles sin gente, uno que otro vehículo, las ventanas vecinas aún cerradas,  pequeños pájaros sobre toda la maraña de cables, en el parque de enfrente algunos  vecinos  inician sus ejercicios, unos caminan, algunos otros corren alrededor del parque y otros solo pasan de largo,  el señor de los  tamales y el atole en la esquina, y uno que otro perrito lleva a sus padres a dar la vuelta  tan de temprano. La tranquilidad de un día que empieza antes de que  la ciudad despierte por completo.

Minutos  más tarde la gente sale de  las casas con las ventanas que permanecían cerradas hace unos momentos, niños, adultos, coches… gente, y más gente, hacia alguna parte, (¿O hacía ninguna parte?) escenas que se tejen, que se dibujan a la par de cada minuto que se hace menos de mañana.

Imaginemos  a la mujer con su cuerpo semi desnudo, de pupilas café oscuro, junto a la ventana, atenta a cada una de las escenas matinales anteriores, se le ve en el rostro un dejo de nostalgia, sus ojos se cierran mientras respira como si quisiera que entrase la mañana por su pequeña nariz,  y es entonces que después de algunas respiraciones sus ojos se abren y lo primero que observa es a un hombre que pasa frente a su departamento, un hombre que no había visto pasar por aquella calle, le atrae su silueta masculina, le parece un hombre misterioso, camina un poco encorvado y lleva en la mano la correa con que sujeta a un perro, no es de extrañar, ya se había dicho antes, que los perritos sacaban muy de mañana a sus padres a dar ese paseo. Ese hombre le parece extrañamente particular, extrañamente misterioso, su semblante refleja paz, tranquilidad, tiene la ternura del rostro de un niño, pero en su cuerpo puede verse que él tiene ya cierta edad madura, le atrae sobre manera su ropa,  pantalón de mezclilla, playera blanca de fuera, zapatos tenis, no tiene  nada de singular esa vestimenta, por las calles de la ciudad cientos de personas visten pantalón de mezclilla, playera blanca desgarbada y zapatos tenis,  lo que atrae su atención es la combinación de estos tres aspectos en ese hombre: su semblante de ternura, en un cuerpo maduro y con ropa que vestiría un adolescente, para ella es una curiosa combinación, pero extrañamente ese hombre le atrae.

¿Por qué fuma tan de mañana? Es curioso, ella no había visto a aquel hombre pasar por esas calles, ni cerca ni lejos, ni encontrárselo en la tiendita de la esquina, ni en la parada del autobús, ni comprando paletas y helados, ni en las ciento de veces que ella se asoma por la ventana a muy tempranas horas, ni en el carrito de jugos los domingos, ni en el de las hamburguesas en las noches, pero él no parece ser  un nuevo vecino, conoce el camino y su perro también, lo suelta de la correa y él con un palo en mano lo vigila, que no se vaya lejos… se oye un silbido, sigue fumando, ella lo observa detenidamente desde la ventana de su departamento,  y en un cierto momento de la escena del parque-hombre-perro, se acerca una mujer, a simple vista desde la ventana del departamento, parece que es un transeúnte  más,  va acercándose a la escena, se acerca, en cuanto más se acerca, más rápido camina, corre…. Y no, no pasa de largo,  abraza al hombre del semblante apacible con cigarro en mano, corresponde a su abrazo y la besa en los labios, se abrazan mirando con ternura al perro. Se le ve feliz, tiene esa mirada, esa mirada de una persona feliz, brillante, pelo negro largo lacio, viste un pants que le queda algo holgado,  y una playera ligera, su piel es clara, los rayos de sol de la mañana le iluminan más el rostro, su rostro se le ve reluciente, él no deja de abrazarla y besarla, parece que le dice cosas agradables al oído, se quedan viendo con gesto de complicidad y sonríen, ríen, son felices.

Ahora la escena es hombre-mujer-perro-parque, y la observa desde su ventana, desde ahí, se imagina las palabras que le dice al oído, Eres hermosa, Que linda que te ves, Quiero sudar contigo… Te quiero bien… Mientras ella observa desde la ventana, cree saber lo que le dice al oído,  empieza a tejer una historia  la historia de un antes de que el hombre del semblante apacible  saliera al parque y la mujer del rostro reluciente lo alcanzara….
Pasaron  la noche, como pasan todas las noches, sudándose, saboreándose, entregándose, reconociendo cada parte y punto de sus cuerpos, con caricias, besos,  durante… horas….hasta quedarse dormidos y despertar a  la hora de sacar al perro al parque.
O talvez, él ya este profundamente dormido, y a ella que hacer el amor la despierta más, se quedó observando el cuerpo desnudo del hombre que ama sobre las sábanas,  y lo ama más, es un hombre tan hermoso, piensa, y  acerca mas su cuerpo al cuerpo tibio de su amante, (amante, de amar), siente su calidez, y la suavidad de su piel, las sensaciones electrifican su cuerpo, su mente, le parece un sueño, no cree posible tanto placer, tanto gozo, tanta paz, tanta libertad a su lado.
O  tal vez ella duerme, y él la observa, observa un cuerpo desnudo iluminado por la luz de luna que traspasa la delgada cortina, observa sus líneas delicadas y curvas, pasa sus dedos por el largo de la espalada, con suavidad, le acaricia las cejas, se las besa y le dice al oído con la certeza de que ella lo escucha,  Te amo...ojos bonitos, y se abraza al cuerpo desnudo dibujado de luz de luna…. Amanece, se dicen buenos días,  se ven a los ojos, tienen que imaginar esas miradas, la mirada de él, la mirada de ella, ella piensa, Que hermosa mirada, expresa tanto, me dice tanto, más que las palabras, le dice te amo, pero ella siempre lo escucha de sus ojos, siempre de sus ojos, de su mirada. Él le dice, Me encanta que me veas así después de hacer el amor…. ¿Qué verá él en la mirada de ella? No quiere salir de la cama, pero su perro  impaciente quieres irse ya a  su paseo habitual, se levanta de la cama y lleva a su perro a ese paseo por el parque. Ella  se queda aún en la cama unos minutos, su intención es  no meverse  y esperar a que él regrese  y volverse a enredar en las sábanas, pero decide acompañarlo, se levanta, se pone  cualquier cosa, pants y playera de él, y sale de prisa.

Y  así llegan a la escena de él-ella-parque-perro, donde la mujer de la ventana los observa, mientras trata  de imaginarse  los diálogos y la historia del antes del parque, es entonces que  la mujer del rostro reluciente que abraza al hombre del semblante apacible, voltea la cara, buscando algo, o a alguien, tiene la sensación de sentirse observada, y busca esa mirada, no ve a nadie cerca, voltea de un lado a otro y no encuentra a alguien o a algo….

Pero la mujer desde la ventana si la puede ver, y lo que vio fue como ver en el espejo, da algunos pasos atrás… ¡No, no puede ser, imposible! Corre a el espejo y  lo que ve es a la mujer de los pants holgados y la playera ligera, a la mujer de los ojos de pupilas café oscuro, a la mujer del rostro reluciente, a la mujer de los ojos bonitos, a  la mujer que ama al hombre del semblante apacible…¡¡Ella, ella, soy yo!! ….

Siente como si su cuerpo fuera cayendo y cayendo… y cayendo……. y

c   a   y   e   n   d  o………



Despierta.


Despierta de su sueño y con movimientos rápidos  se levanta de la cama, camina  de puntitas para no tocar por completo el suelo frio de su habitación se le ven las piernas largas y delgadas...

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Un texto muy sentido y con muy buena estructura... aunque no sé si eso sea lo importante... saludos y mil cosas más...

Anónimo dijo...

Gracias, mil gracias...