lunes, 1 de noviembre de 2010

ALaEspera...



Esperando quizá a que  los amantes  abran  la ventana...
Quizá sólo a la mirada de los transeúntes que observan,
quizá sólo al sol y a la  luna..

...
...


A la espera  quizá simplemente...
del  tiempo que se queda y que se va,
del  tiempo que se aleja y se aproxima a la par de la memoria... 
Foto:
"A la Espera"  
Centro de Puebla
01-Nov-2010

sábado, 2 de octubre de 2010

DéjameEscogerUnLibro

No me digas esas cosas. 
No me digas esas cosas al oído,  aquí, en medio de los pasillos de la librería, déjame escoger un libro,  ahí están los de Bukowski,   y ahí los de José Agustín,  deja de seguirme  y no me digas más esas cosas al oído, no imaginas lo que siento, cada palabra que entra por mis oídos se desliza vertiginosamente hacía mi sexo,  electrificando mi cuerpo, es como llegar en un parpadeo a  tu cama,  basta una sola de tus palabras para que se vuelquen dentro mío los días de ti, los días contigo... aquellos días... Una sola de tus palabras en mi oído y el sexo se vuelve humedad. No me digas esas cosa al oído, si sigues, juro por Dios que  tendré un magnifico, delirante y exquisito orgasmo aquí frente  a José Agustín, mejor salgamos de prisa, anda llévame a una calle solitaria  o al parque de enfrente,  cada vez que me dices aquellas cosas , muero por tenerte entre las piernas,  anda apúrale, vamos a cualquier rincón ausente de gente, porque  tu casa esta hasta nunca, y el hotel a dos horas, vamos, mira ahí, como cuando estuvimos en el desierto en  medio de árboles, a la vista de cualquiera que pasará o cualquiera  que quisiera ver a dos amantes en la máxima expresión del amor, del deseo, de las ansias, de la lujuria, de cómo es que se aprovecha cada minuto, porque la ausencia será larga o quizá infinita.

Sí…. Sigue  hablándome  al oído



Escucha a Real de Catorce del Disco: Azul 

sábado, 25 de septiembre de 2010

TardeLluviosa

Pequeñas gotas golpean los vidrios del gastado, cansado y  bendito microbús que lleva a éstos pasajeros y a otros y a mí, a lugares que puedo imaginar  y los que no imagino siquiera,  sentada a la mitad  del micro que espero, a veces con una enorme ansiedad, esa ansiedad o desesperación  o deseos de que aquel transporte te lleve de un salto a tu destino,  ya sea al  descanso que da un sillón rojo o verde o amarillo,  al calor de unos brazos,  al fuego del beso del amante o al tierno beso del hijo, al acogimiento de un hogar,  a la intimidad de la cama marital o  a la soledad de una cama para uno, por qué no, también hay días que queremos llegar a la soledad, para qué, eso, eso lo sabrán,  cada una de las personas que van dentro de este micro y por qué no, también las personas de todos los microbuses de la ciudad, y por qué no decir del mundo, si así se les cataloga a éste tipo de vehículos en el mundo.

Y habrá varios más destinos a los que se dirijan estas personas, algunos días querrán llegar rápido, aprisa, de pronto, en un parpadeo, en un respiro,  otros ni llegar quisieran, van con la desgana de no llegar, las no ganas de llegar a la rutina, a lo de siempre a lo de todos los días, a ese sillón rojo, verde, amarillo, talvez escribo de más, de lo que no me corresponde, no puedo generalizar, pensar lo que piensa cada una de estas personas,  personas que como yo, esperamos en movimiento, esperamos mientras pasan los minutos, esperamos mientras pasa el tiempo, esperamos llegar, llegar, a dónde,  no se sabrá… no sabré, imagino, voy imaginando, voy concluyendo, voy dialogando con esa otra yo, mientras observo  desde mi asiento como se dibujan en las ventanas del  microbús las gotas  de   lluvia de esta tarde lluviosa.

Mira,  ahí va la madre con su pequeño corriendo para atajarse de la lluvia, lluvia que no importa a esos dos muchachos,  calculo como de veinte, caminando como si el día fuera soleado tomados de la mano, el perro callejero que  pasa la carretera como si supiera cuando el semáforo esta en rojo, lo observo con ternura que poco a poco se va convirtiendo en un dejo de tristeza, pobre perro,  conozco a personas que llevan a sus casas a perros vagabundos, un día, Alguien y yo íbamos caminando igual como los dos muchachos que caminan como si el día fuera soleado, pero con la diferencia de que ese día si era soleado,  y estaba ahí un perrito asustado a lo orilla de la carretera, dijo Alguien ya tengo muchos perros, pero no lo podemos dejar aquí, me lo llevo a mi casa. Si yo bajara del microbús y me llevará a todos los perros asustados a mi casa… si yo bajará...

Si  yo....  muchas cosas...

El mismo recorrido, los mismos lugares, el bache el de siempre, las personas diferentes,  los sentimientos  distintos cada instante.

Y  las ideas que pasan por mi mente, son  líneas que se cruzan, pasan unas por debajo de las otras, se enredan, se hacen nudo, se enredan hasta hacerse  una maraña, las voy desenredando o enredándolas más ya sea el caso, y las voy escribiendo al aire, cuidando que no se caigan y lleguen salvas hasta aquí, aveces lo logro, pero la mayoría de aquellas ideas se quedan suspendidas, atrapadas en el interior de éste y de otros cientos de micros, o se las llevan consigo cada personaje cada escena que observo a lo largo del trayecto.

Me levanto de mi asiento, anticipo la parada, la parada, mi destino de hoy.

Sigue lloviendo y camino como si el día fuera soleado, pero con la diferencia de que camino solo yo.
La lluvia mojando mi cara y mi pelo  y mi ropa, y tengo y siento tristeza, no sé por qué, si es por estar sola en un día lluvioso y caminar como si no lo fuera, o por lo que observo cada día en las calles, o por la ausencia que es también como una muerte.

Toco la puerta, entro…

Dejo  por el momento a mi otra yo.



Escucha a Real de Catorce del disco Tiempos Oscuros:




domingo, 19 de septiembre de 2010

Concierto



Del más profundo azul de José  al  rosa de Delgadillo. 
Como en mis ventitantos cantando "Ten miedo de mí".

Foto:
Concierto  de Fernando Delgadillo Zócalo de Puebla, 
18-sep-2010