jueves, 1 de marzo de 2012

¿Qué día es hoy?


-¡Hola! ¿Vienes por mí?
-Sí. ¿Dónde andas?
-Estoy en... estoy en...  mmmm …
Ya sabes como soy de despistada, desubicada y además  olvidadiza para eso de las calles, direcciones y todo lo que se le parezca...  ¿Recuerdas la primera vez que pase un par de días de vacaciones en tu casa, y el primer día de ellos me fui de paseo con Paco casi todo el día, y también te llame para que pasarás por mí cuando terminarás de trabajar?  ¿Recuerdas…?  pues ahí, en ese lugar ando.

-Llego en quince minutos, yo ando por Polanco.
-Ok te espero

Lo espero parada en la esquina de aquella calle, él siempre la salvaba de situaciones similares, más aún de situaciones en las que  ella se perdía entre las inmensidades del df.  Que por cierto le gustaba sobre manera perderse entre gente, calles, andenes, ruido... caos. 
Después de la tempestad, la calma, y al final siempre él.  

Y ahí estaba él, puntual, siempre puntual, y a ella le caracterizaba exactamente lo contrario, la impuntualidad.  Tarde a todas partes, llegando tarde a las citas, al adiós, al olvido…  al amor.
Los días que ellos se veían, ella quedaba a una hora,  -Llego como  a las doce,  le decía ella,  pero ya sabía que llegaría dos horas tarde, y a él que no le gusta esperar,  tenía que esperar para abrazarla, para verle, para olerle, para verse en su mirada.

Lo que él no sabía,  es que su tardanza era por preparar sus cosas, su ropa, sus cosas personales, cepillo de dientes, los pocos cosméticos que usa, apenas rímel y algo de luz en los parpados, pero antes de todo eso, un largo baño de vapor, por esa razón en particular, era que tardaba más de lo que ella no quería, pero  no podía irse un largo fin de semana sin ese baño de vapor, ¿raro no?
Pero las razones de llegar tarde a los demás lugares ni ella las sabía a ciencia cierta.

-Hola chica bella!
Siempre le decía ¡Hola chica bella!, desde el día que se conocieron, claro que ahora ese ¡Hola Chica Bella! tiene un sentido más profundo, tanto para ella escucharlo, como para él decirlo.

-Hola tipo extraño, le respondía mientras subía al auto.
Y entonces ahí estaba puntual, a los quince minutos después de terminar la llamada al celular.
- ¿Qué tal te fue?
En el camino a casa ella le contaba de  Mario y sus largos paseos al centro,  pasando de una librería a otra y  de puestos de libros en  los que compra  por mayoreo, claro más baratos y después venderlos, le conto de las visitas a las iglesias  de la calle... a la calle....  pues quien sabe, ya que ella no lo recuerda, pero  es la calle donde se  puede fotografiar a la torre Latinoamericana muy de cerca  y donde esta el Sanborns de los Azulejos... 
La escucha atento, viéndola de vez en vez, mientras maneja rumbo a casa.
Le gusta escucharla, saber de sus cosas, de su vida, de lo que le apasiona, de  sus miedos, de sus tristezas, de sus dudas,  mientras juega con sus manos,  mientras la besa… mientras  el deseo crece para después perderse entre sus cuerpos desnudos.  Pero eso lo descubriría horas más tarde y los varios días que  ella se quedaría en casa con él, después de esta visita.

-¿Y qué crees?, ya es tarde para regresar a mi casa ,  son casi tres horas de camino, y mira la hora, ¡Las siete de la noche!,  ya sé que dices que soy muy valiente, pero eso de irme desde la terminal a mi casa tan tarde si me da algo de miedito, me quedo un día más, aunque sé que mi Negrita estará  esperándome en el sillón cerca de la ventana, con sus ojitos  pendientes a mí regreso, y claro, los papas que se preocupan demasiado aunque les avise que estoy bien y aunque se les olvide que tengo treinta y cinco…..¡¡treinta y cinco!! , ¡¡uffff!!  !!No inventes ¡¡ ¡¡TREINTA Y CINCO!!,  ¿Me dejas quedarme?

Llegaron a casa, no sabría decir la razón por la cual ella  dice siempre  " a casa" en lugar de  decir: “su casa”, ya llegaste a casa, ¿estas en casa?, vámonos a casa… ¿raro no?  
Pidieron pizza, vieron pelis, salieron al parque al paseo nocturno del lindo schnauzer que tiene como acompañante de vida ...y después...

Lo que paso  aquella noche ni lo pensaron siquiera, quizá ella  no, pero él sí, seguramente estaba pensando en qué hacer para acercarse a ella.
Todo empezó jugando con sus manos, alguien dice por ahí que el juego de manos, es … mmm es … … mmmm creo que también esta narradora es olvidadiza.  Todo empezó cuando él se acerco y acaricio sus manos, jugaba con sus dedos, los acariciaba… mientras se acercaba para besarla,  ella le correspondió,  al instante mismo llegaron las caricias, ella le mostraba cómo y en qué lugar acariciar, con que intensidad y profundidad….
Ella volvió a sentir, en su cara se volvieron a dibujar  las expresiones de placer y gozo, de paz y deseo que se le habían borrado,  mientras él,  la besaba donde ella es a  g  u  a  …
Hicieron el amor, conocieron por fin sus besos, sintieron sus caricias, sus cuerpos se encontraban por primera vez. 

..el descubrió que le gustaban sus besos, y sus caricias, y la forma en la que ella se entregaba al amor, al placer, al deseo, a él. 

Después de la tempestad la calma, y al final siempre él.

A la luz matinal de aquel día, el cielo se miraba más azul.
Con las sábanas húmedas y las ganas de más… comienza una historia…

Salieron a buscar un lugar para desayunar, en casa sólo había café, palomitas, sobrantes de pizza, y nada más.

Dentro del auto los dos, en la carretera rumbo a algún lugar, ella  preguntó:
- ¿Sabes qué día es hoy?
-No
 -Es tu cumpleaños ... lo olvidaste??  

Le pregunto una vez más: 
–¿Sabes qué día es hoy?
-Mi cumpleaños
-Si, y el día que volví a volar.

Se miraron  por un instante sin decir palabra alguna, se miraron con una sonrisa dibujada en sus rostros.

Dentro del auto, el silencio, ellos y la voz de Fito.
El silencio se rompió por un breve momento.

-¿A dónde vamos?
-No lo sé, pero hay que  averiguarlo. 

miércoles, 18 de enero de 2012

Azul


Ya te esperaba

Te conocí en la distancia dentro de tu oscuro pasado
sumergida en letras fascinantes llenas de pasión y nostalgia,
leí de tu dolor y frio en la soledad al amanecer,
y el erotismo de los besos que entregabas a la nada,
de aquellas caricias que se te desvanecían al viento
Y los orgasmos prisioneros en tu sexo.

Y tú… con el Azul de un blues y enormes ganas de volar,
pero atada al recuerdo de una cama que no era tuya
en ese oscuro pasado… donde amabas con tal fuerza
y ansiabas los momentos volver a sentir,
que aquellas manos arrepentidas del fatal error de no quererte,
te quisieran, y otra vez recorrieran tu piel,
que sus besos no se cansaran de besar tus espacios
Así juntos volar.

Mi deseo despertó.

Que ganas de ser yo a quien amaras con tal fuerza,
a quien extrañaras en tu cama y le escribieras con esa pasión,
más nunca con la triste nostalgia de esas letras,
y sí con las ansias de estar mil veces desnudos y perdidos en el tiempo
en el amor, en el deseo, compartiendo… volando.

Por tus letras mi sangre hirvió y la pasión inundo mis sentidos,
de tu manera de extrañar y desear tanto, se lleno mi deseo,
deseo de tenerte para mí, de probar tus besos,
de perderme en el hambre de tu sexo, en tus orgasmos,
en ese vaivén de tus caderas, en la pasión de tus senos,
en tus palabras al oído y que ganas de verte satisfecha en mi cama,
que ganas de que sea a mí a quien extrañes
a quien le escribas que te hace falta.

Y un día por fin de frente, tus ojos me lo contaron todo
me contaron que eras una mujer para volar.
Y que si te esperaba, que si te daba tiempo,
y desde ya te empezaba a querer, también podría volar,
que aquel erotismo de tus letras era el inicio
la expresión mínima de tus deseos.

Por fin un día llegaste Azul

Con tus ganas, con tu volcán, tu pasión, tu hambre, mi nombre.
La espera termino, volé, he sido feliz.
Quiero leer que me extrañas
que te hacen falta mis caricias y mis besos y mi sexo
quiero volver a escuchar tu blues en mi cama
y no dejarte escapar nunca,
que desde mucho antes que lo supieras
Azul… ya te esperaba.

sábado, 7 de enero de 2012

...


Iba de cuartos de  hotel en cuartos de hotel buscándome, pasaba de unos brazos que no me terminaban de convencer a besos que no sabían a pasión, me buscaba  entre los sexos de amantes de ocasión, jamás me encontraría porque yo me quede en una cama que no era para mí, me quede en aquella habitación viendo el amanecer como un muerto que no sabe que lo esta.

¿Cómo me encontraría si yo estaba  viva a medias? ¿Cómo quería ser la mujer que fui, si parte de esa mujer se aferró a una cama que no era suya?, se prendió  de la piel donde fue  mujer amante,  mujer liviana, la piel donde descubrió las delicias del sexo y del amor en todos sus matices, piel que  jamás sería para ella.

Desesperada me sumergía en las profundidades del placer para rescatar siquiera un poco de esa mujer… pero siempre quedaba un vacío, un hueco, un sentimiento de añoranza, de insatisfacción, de estar incompleta … no estaba del todo  viva, una parte de mí estaba en el pasado muerto de un colchón.

Hoy, tú, contigo, vuelvo a estar viva, regreso de entre los restos del ayer.

Caminaste cerca de mí, estando  medio viva, medio muerta, no me viste sonreír, me viste huir, viste mi tristeza, mi indiferencia, mi frialdad, ¿si sabías que no estaba viva del todo?, y aun  así caminaste conmigo,  estabas ahí, sin que yo me diera cuenta, porque me buscaba en otros hombres, sin saber que yo siempre he sido esa mujer que creí había dejado para siempre enterrada, esa mujer, esa mujer que tuviste en tu cama, esa mujer que se supo viva desde el primer orgasmo en tus labios. No tenía que buscarme, sólo tenía que regresar, que desprenderme, que volver, y lo hice contigo...

Déjame amarte como la mujer que soy, déjame volcar todo este amor que tengo en ti, todo este amor que llevo desde siempre…

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Eloy: Quedáte
Elvira: La palabra peligrosa…
Eloy: Me voy con vos.
Elvira: Así de simple…
Ni yo me voy ni vos te quedás. 
Este amor desconoce toda separación.

Fragmento de la Película:
No Mires Para Abajo
Eliseo Subiela
Foto
 tomada de camino al DF.
Carretera México-Puebla
27-Dic-2011

domingo, 11 de diciembre de 2011

EnElMetro


Llegas a Escuadrón, tomas el metro y  te bajas en Salto del Agua,  me esperas bajo el reloj a las 10:00, tenía una cita.   

No tenía idea de cómo llegar, pero se las arreglo  pidiéndole al chofer del pecero que le avisará cuando  ya estuvieran en la dichosa parada de Escuadrón,  ¿Me pude decir dónde me bajo para ir a la Escuadrón 201?, fueron sus palabras de aquella chica que andaba no tan perdida en las calles del DeFectuoso.  No fue un recorrido largo, poco menos de  quince minutos, de ello se percató al escuchar  al acompañante del chofer preguntar,  ¿Quién baja en Escuadrón?, y de inmediato afirmo: ¡Aquí es!  ¿Y ahora, hacía dónde camino?, no fue problema, lo de menos era preguntar a los pasajeros que también se habían bajado del pecero, pero no quería parecer que andaba perdida, desubicada, o  una pobre chica desamparada,  que no sabía  andar por esas conocidísimas (seguramente) calles del  DF, que por una parte así es,  opto por seguir a la gente,  si aquel acto borreguiano (¿existe esa palabra?) no  daba resultado, no le quedaba otra que preguntar.

No tuvo que preguntar,  siguió a la multitud y ahí estaba, bien lueguito  la estación.

Bajo las escaleras con pasos lentos y seguros, tranquila, porque no quería parecer que no sabía ni por donde andaba, pero, ¿Quién, entre tanta gente, la volteo a ver siquiera?, nadie seguramente,  entre la vida tan acelerada, la prisa de llegar porque los minutos del reloj  no se detienen, entre tanta gente, que siempre ve tanta gente,  qué más da uno más.
Nadie la vio, nadie la recuerda, pero ella sí recuerda a la chica que da los boletos del metro, se formó en la fila para comprar los boletos, no sin antes preguntar, ¿Cuánto cuesta el boleto?, tres, le dijo la chava que tenía el lugar último de la no tan larga fila.
Dos, por favor, pidió dos, aunque sólo ocuparía uno, compro otro por si me paso, me pierdo, o por lo que sea qué suceda, pensaba ella. 

Tomo sus boletos, puso uno de ellos en la maquinita esa, que te deja pasar,  y espero  el metro, lo abordó, hace ya tiempo desde la última vez que había viajado en metro, no le dijeron cuántas estaciones tenía que pasar hasta llegar a Salto del Agua,  se encontraba algo nerviosa, que aunque tenía aquel boleto salvador de sobra, pues andar sola en el metro sin  tener  idea de  a dónde vas, resulta ser una situación que tiene su toque de emoción por ser algo desconocido, pero también da algo de miedito.

Atenta a los nombres de las estaciones cada vez que se detenía el metro, recordaba todas aquellas veces en las que acompañada se subía  al  gran monstro subterráneo con dirección a dónde la llevará aquél tipejo de lo peor, que conoció en una de las tantas escapadas al DF, hace tanto, pero ahora iba en busca  de “algo” de “alguien” ¿qué, quién?,  eso lo sabría a las 10:00 a.m.  bajo el reloj en la estación Salto del Agua.

Pasaba las estaciones y  pasaban los recuerdos sin paradas en los andenes, sin tregua, ella iba a Salto del Agua, bajo el reloj, los recuerdos la regresaban dos años atrás, se preguntarán ¿Cuántos recuerdos caben en dos años?, Pocos en ella, pocos de ellos juntos, en realidad  pocos.

Leía los nombres de las estaciones, ni el orden, ni los nombres los recuerda, pero  la estación donde subió él, esa, esa, sí que recuerda.  Doctores, leyó cuando se detuvo el metro, entre la gente que abordó, lo vio, por un momento los recuerdos se quedaron en aquel andén, y recordó el porque estaba ahí, “una aventura”, “algo diferente” iba en busca  de “algo o “alguien” ¿Qué, Quién? Ahí estaba, se olvidó de llegar  a la cita bajo el reloj. 

Se acercó  a él, pensando en cómo hacerle platica, él iba en lo suyo, con un brazo se sostenía del tubo como algunos de los tantos pasajeros, con el otro sostenía un libro, iba leyendo, y ahí estaba el pretexto perfecto para hablarle a aquel tipo bastante interesante, como pudo, logró  leer  y más que leer, fue la portada de su libro, que le dio  ese pretexto para acercarse a él  y decirle, yo también me llamo Violeta, pero sólo con una “t”,  al parecer llamó su atención,  quito sus ojos  de la página número  quién sabe, pero a esas alturas del libro, ya sabía él quién  era Violetta, con doble “t” , y la vio un algo confuso, pero  con una sonrisa de lado a lado, medio extrañado de la situación aquella. Me gustó mucho ese libro, y a ti, ¿qué tal, qué te parece?, él asintió con un ligero movimiento de su cabeza, bastante bastante bueno, le contestó, oye no me llamo Violeta  ¡eh!, mientras las estaciones iban pasando,  ya no se fijaba en los nombres, ya no le importó pasarse de aquella en la que la esperaban a las 10:00, ni le importo perderse, al fin tenía aquel boleto de más, y ahora lo tenía a él.

¿A dónde vas? Al fin le pregunto él,  a Salto del Agua,   ya la pasamos, ¡en serio!, es qué no conozco, no soy de aquí,  y ahora  cómo le hago para regresar...

Se bajaron en alguna estación, ¿Cuál?, no lo sé, ella como ya saben, no ponía más atención en los nombres, su atención estaba bien puesta en  aquel, que ahora ya no va leyendo. 

Y salieron a las calles del DF, dejaron atrás, o más bien abajo, ella a los recuerdos, a los nombres, a la cita, él a su lectura interrumpida, quizá  a otra cita, a su trabajo, a su vida cotidiana asaltada por esta chica que le salvaría…. de... de  un día cómo todos sus días.


Él también la salvo, de... de... de sus días como todos sus días.

Caminaron, cómo te llamas ya en serio, de dónde eres, qué haces aquí, ella le contestaba cada una de aquellas interrogantes, mientras veía sus ojos, la sonrisa en sus labios, le gustó endemoniadamente, hace tanto que no sentía ese calor, ese tipo de calor en  ella. ¿Por qué él, un extraño, completamente extraño, que ahora ya no lo era tanto,  despertaba y humedecía sus deseos? Quizá por lo que se dijo al principio, hay algo de emociónate en lo desconocido, y además ella andaba en busca de una aventura, de algo diferente, de “algo” o “alguien” que interrumpiera su rutina, y pasa qué, cuando deseas fervientemente algo, las fuerzas de las causalidades hace que  las cosas se sucedan al estar en el momento y lugar adecuado, pasó que ellos estaban ahí juntos, caminando, un minuto antes, un minuto después, y ellos ahora no se conocerían quizá  nunca.

Más de  las  10:00 casi las 11:00, ella recibió un mensaje al celular de aquel que estaría bajo el reloj, diciéndole que ya no la esperaba, que  se tenía que ir de urgencia. ¡Perfecto!, ya no tendría que disculparse por no llegar a  la cita.

A mí también ya se me hizo tarde, te invito a desayunar,  y por qué mejor no nos vamos, mira, ahí, ella le señalo insinuante con la mirada. 
El lugar señalado, un hotel. 
¿En serio?, mejor te invito a mi casa, desayunamos digo,  desayunamos, porque puedes quedarte si quieres, le  propuso él.
Al parecer a él también le gustó ella endemoniadamente. 

Se regresaron, a la Doctores, donde él se subió, donde ella lo abordo, regresaron al lugar del minuto aquel en el que coincidieron.

Ella era otra, era otra en otra ciudad, con un hombre desconocido, y era tan otra, que  le hizo el amor como nunca antes siquiera imaginó, desde que llegaron a su casa hasta el siguiente día, sexo, sexo y más sexo, delirante sexo, placer desbordante, cuerpos sedientos, sexo y más que eso, más que sexo, sobraron las palabras,  pero falto tiempo….

Al siguiente día ella se fue, tenía que regresar, regresar a la de antes, regresar a la vida cotidiana, a la realidad, a su realidad, una aventura así, casi nunca  tiene un final feliz… de esos  “...Y vivieron felices para siempre...”

Siempre es  mucho tiempo.


¿Y ahora cómo regreso?

Marca un número desde su celular, !Hola¡ Vienes por mí, sí, ¿dónde andas?, estoy en ...
...