sábado, 5 de enero de 2013

Con mayúsculas ...


El frío de invierno  se vuelve cálido no  lo siento  espantosamente gélido calándome dentro.
Es soportable.

Me basta cerrar los ojos y mirarte, cerrar los ojos y recrearnos… recrearme en la calidez de tus brazos, pensarme enredada en tú pasión y  en la intensidad que desbordas al amarme;  esa misma con la que me tocaste esa noche, esa noche en que  rosaste tu boca con la mía en un beso titubeante,  pues no atinabas a saber si correspondería a tus labios temblorosos.

Y hasta hoy  mí desnudez se pierde entre los torrentes de esa  pasión y deseos que se desbordan de ti desde la primera noche juntos, y es entonces que mí cama me queda grande, pero me basta con sabernos juntos…

Y es entonces que este invierno me es soportable, aunque te extrañe, pues la distancia no borra tus palabras de mis ojos: TE QUIERO, así con mayúsculas. 

Me has dicho te quiero después de algunas noches y días juntos, después de algunas lágrimas y miedos que dejamos caer  sobre nosotros, después de no importar un mañana, mas que el hoy, después de nuestro beso  que nos abrió las alas; quizá yo volé antes que tú, porque desde siempre he querido volar… 

Me has dicho Te Quiero y me  basta, pues un Te Quiero no tiene fecha de caducidad.

martes, 4 de diciembre de 2012

¿Te cuento...?


¿Te cuento un secreto?

Ahora que volveremos a vernos,  quizá sea en alguno de estos próximos  días…

Quiero volver a sentirte… a sentir como tus besos húmedos  se mojan entre mis piernas… 

Como esa  vez  que nos atrevimos a tocarnos, que nos atrevimos a acercarnos, que nos aventuramos a volver a creer y a sentir…

No te imaginas cuanto disfrute ese instante,  cuando después de tocar mis manos, de besarnos, de quitarnos la ropa y nuestro miedo,  tú besaste mi sexo.  Yo sólo cerré mis ojos, y te disfrute y me disfrute…  Y fue que me devolviste lo que creí haber  perdido  en algún lugar, en alguna cama, en algunos brazos… en la esquina de una calle…

Hoy,  después de un adiós, después de largas “conversaciones”  confusas al principio, confusas y dolientes, te volveré a ver, consciente de que dormiremos en la misma cama pero con nuestros deseos más profundos tan diferentes, tan distantes…

Mi secreto es que me atreveré a tocar tus manos, a besarte... a quitarte la ropa…

Lo demás no quiero decirlo, pues no sé si te atrevas  a  tocarme...

sin miedo…

lunes, 26 de noviembre de 2012

Estás tan lejos...

Volví a tener un sueño en donde apareces
 ese sueño que te conté
y en el que estás tan lejos…

Pienso en ti, como hoy, en esta noche fría, apenas salgo de la casa y el viento invernal me acaricia la cara y traspasa mi ropa, no sé la razón por la que me siento triste, sola y triste, ¿será porque este frío invita a la nostalgia...? Y entonces me sorprendo diciendo tú nombre en medio de la calle oscura, desolada y oscura a esas horas de la noche, y digo tu nombre después de un suspiro que nace desde lo más profundo de mí, mientras camino con pasos lentos, pues al nombrarte es inevitable pensarte… y es cuando mí imaginación, o serán mis deseos más profundos los que me invitan a pensarte conmigo…

Me imagino pues, que vamos por diez pesos de “algo” para cenar, que vamos al parque, o al cine, que te veo trabajar, que despertamos juntos, que vas por mí al trabajo, o me hago  preguntas como ¿qué estaríamos haciendo ahora?,  no evito que mis ojos se humedezcan… y entonces  quisiera correr desde esta calle entrar a mí casa hacer mis maletas  y llegar contigo… tengo tantas ganas de ti… qué me iría a donde tú… Ahora no sólo el frío toca mí cara, algunas lágrimas se escurren lentamente desde mis ojos, las borro  de inmediato con mis manos,  pero ¿cómo desvanezco mis deseos…?

Todo se desvanece cuando veo las cosas como son en realidad… Tú estás tan lejos y no sólo en la distancia… estás lejos  de mí…

Sin embargo, sigo pensándote algunas veces… 
casi siempre…

lunes, 19 de noviembre de 2012

El frío de invierno


¡Qué frío…!  En unos minutos y la una de la madrugada marcará el reloj de pared que está colgado en la pared, el ligero tic -tac que emite el movimiento del segundero, se pierde con la mezcla de sonidos que escucho del motor del refri, de la pc, de algunos coches a lo lejos y de la tv encendida  sin prestarle atención, es una película tal, en un canal tal. 
Dejo prendida la televisión, para no percibir tanto silencio, para no sentir  la soledad que me acompaña y de la que me percato casi siempre a estas horas, y en algunas del día.
No, no abro  el reproductor de música, por una extraña razón que no me explico, últimamente casi ya no escucho música. Tengo en la cabeza tantas cosas, que no disfruto de mí lista de reproducción enorme. Quizá deba de escucharla más en estos momentos, pues la música me toca las fibras del alma… Abro mí reproductor y elijo “contraley”, al paso de los tracks, el frio traspasa mis zapatos y congela mis pies, después de algunas horas aquí sentada frente a  la pc, mientras el  tic-tac del segundero marca más de la una, considero que ya es hora de irse a la cama.


La casa de mis padres es un congelador en estos últimos meses del año y los primeros del año siguiente, o para ser más específica, en lo que dura el invierno, esa frase me suena, mmmm ¿En qué canción… de quién… ? Yo tengo que andar con suéter desde que empieza a atardecer, sin exagerar,  hay días que desde las dos de la tarde, ya ando con suéter encima.

Después de apagar la pc, la tv, la estufa, revisar que las puertas de la casa estén cerradas con llave, apagar las luces, a veces, antes o después de todo aquel ritual, me lavo los dientes, me la lavo la cara, si tomé agua  voy al baño, si tengo hambre me preparo algo ligero, o si es día del señor de los elotes, me compro uno, y alguna otra cosa que se hace antes de irse a la cama, hablar por teléfono por ejemplo, o salir a la calle echarle un vistazo al cielo y ver si no hay objetos voladores  no identificados merodeando por el estrellado cielo, ¡Esto es cierto, yo lo vi! Tengo evidencias y a dos testigos: un video y a mis padres.

Segura de que deje todo bien cerrado  y a oscuras, me subo a mí cuarto y me dispongo a irme a la cama. En lugar de quitarme la ropa, me la pongo, pues después de deshacerme de  mí pantalón de mezclilla, la blusa, el suéter, el abrigo, los zapatos, los lentes, los aretes, me pongo encima  mis calcetas, pants de esos calientitos de algodón, playera y una sudadera.  Y es así que me meto a la cama, misma que tiene cuatro cobijas, la colcha y una cobija aparte que pongo  a la altura de  mis pies, mis pies es la última parte de mí que se calienta…(en el buen sentido ¡eh!), pues en noches como ésta bien friolentas, mis pies amanecen igual de frios como  los tenía antes de acostarme y aunque tenga calcetas y todas las cobijas de mi casa encima.
Hay un ligero inconveniente a eso de dormir calientita, con tanta ropa encima y todas esas cobijas, no puedo ni moverme, así como me acuesto, amanezco, toda envuelta como un tamal, pero el frio sí que no entra en mí cama, excepto por mis pies que no se me calientan.

Pero en los meses calurosos…
La casa de mis padres es de la más fresca y antojable que conozco, y cuando me voy a  la cama me despojo de toda mi ropa, sí, de toda, a veces dejo mi ropa interior, sólo a veces,  y me tapo con una  cobija ligera  que casi siempre termina en el suelo…
Me gusta dejar la ventana abierta para dejar paso al aire fresco…

Me gusta sentir ese ligero aire que entra por mí ventana y toca mi desnudez. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Esa pregunta...

Te observaba desde el asiento de adelante de tu coche, ese asiento que no es el del conductor.  Con ese caminar tan particular tuyo, llegaste a la puerta de tu casa para abrirla de par en par y disponerte a guardar el coche.

Yo te veía caminar el pequeño tramo de distancia que hay de la  banqueta a la puerta de tu casa, quizá llegar, tomaba menos de un minuto, algunos cuantos pasos, en ese lapso de tiempo, mientras te miraba, me preguntaba si estaba lista para amarte, ¡Quiero amar a este hombre!
¡Listo! Las puertas  de par en par, el Jonás  feliz por tu llegada, y yo siguiéndote con la mirada de regreso al coche te sonreía, porque ya tenía la respuesta. Volviste a encender el motor  y nos estacionaste en la cochera.

No era la primera vez que me hacía aquella pregunta, ni la primera vez que esa misma pregunta, se me quedaba atorada entre el corazón, sobre la piel y en todas mis ganas  y deseos.
Fue una noche, fue antes de tocar nuestras manos, antes de nuestro juego de manos. Íbamos de regreso a casa, a tú casa, y recordaste que el Jonás ya no tenía croquetas, entonces comprarías una lata de atún, buscaste una tienda abierta, estacionaste el coche, saliste de él,  y yo te veía caminar hacia la tienda desde el asiento delantero del auto, desde ese, que no es el del conductor, y otra vez, tú, y tú caminar, y fue ahí que me hice aquella pregunta por primera vez, ¿Amaré a este hombre...? ¿Ya estaré lista para hacerlo?

Yo, siempre tan mala para hacer planes, te fui queriendo, me di la oportunidad de amarte…

Te empecé a querer, al poco tiempo quise vivir contigo…
Tú sin saberlo, te metí en mí vida…

Y yo sin saber, que conmigo...
 no tenías planeado volar…